De las palabras al aire
Pareciera que es normal desaparecer y volver de la nada.
Otro mes ha pasado y hay algunos cambios buenos a la vuelta de la esquina. Específicamente el día de mañana a las 10 AM, con un poco de suerte me irá bien en la entrevista para aplicar a un nuevo puesto en el sitio donde trabajo. Merlín sabe que a veces no puedo más con el tema de las ventas. Si no paso, simplemente trataré de estar más preparada por si se da una nueva oportunidad.
Siento los dedos un poco pesados y las manos frías, posiblemente porque no me abrigué lo suficiente después de la ducha y es prácticamente media noche.
Escribo esto porque simplemente tengo un tapón en el pecho que no me deja seguir con los proyectos que tengo pendientes.
Debería haber subido un borrador de mi tesis hace 4 días y sigo aquí, sin subir nada porque no logro concentrarme un maldito segundo en lo que debo escribir, ya no solo es que no entienda, sino que no me siento en la capacidad de poder escribir nada mínimamente coherente. Quizás es simplemente la pena.
Este era el tipo de cosas que esperaba compartir con Steph, porque ella es la que me dio alientos a botarme de cabeza a estudiar de nuevo. Simplemente sé que ella estará en la dedicatoria de esta tesis si logro poder escribirla. Siento que me ahogo, siento que me hundo y se repetirá lo del último semestre de la universidad. Comienzo a creer que es alguna especie de miedo oculto a terminar la etapa, o a sentirme con la nula capacidad de desempeñarme en lo que sea que estoy estudiando. Simplemente no logro encontrar motivación para poder terminar estas cosas.
El fin de semana pasado al fin pude conocer mi instituto y fue lo mejor que me ha pasado en el año. Conocí en persona también a dos de mis compañeras y fue una experiencia muy divertida, es que compartimos la misma neurona a veces. Mientras estaba ahí, cuando se me estaba bajando la batería social, pensaba en Steph y en lo mucho que quería compartirle eso, mostrarle lo que hacía, los postres ricos que comía para que luego saltara con una idea de algún plato nuevo que podíamos agregar a la lista de comida que íbamos a probar cuando fuera a visitarla.
No he podido dormir bien estas últimas dos o tres semanas, seguramente por el estrés de no presentar la bendita tesis y es justo esa preocupación la que no me deja empezar a escribirla en primer lugar. Es un horrible, terrible círculo vicioso.
Quisiera poder hablar con alguien que sea medio entendido en estos temas de duelos y cosas de salud emocional pero ahora mismo no tengo tiempo ni dinero para costearme una psicóloga o psicólogo, y a la única amiga que tengo en este campo no quiero agobiarla con algo así si ni siquiera podré pagarle las citas o las charlas. No sé cómo funciona la amistad con psicólogos ni con gente en general.
Quisiera solo hacerme bolita en un rincón y dormir hasta que nada me duela. Quisiera que todas las mañanas brillantes y soleadas duraran más que unas pocas horas. ¡Oh, Dios!, cuánto amo las mañanas soleadas y cuánto me hacen llorar. No entiendo aun lo que siento en esos momentos, solo sé que no puedo apreciarlas lo suficiente porque siempre estoy tratando de dormir hasta el último segundo para poder alejarme un poco de la realidad.
Ojalá pudiera salir de casa para poder hacer mis tareas, ir a una biblioteca o a un café. La primera no es una opción porque salir con la computadora al centro es peligroso, y la segunda, bueno, no hay suficientes, o ningún, café para poder ir a estar ahí toda la tarde estudiando. O quizás sí, pero como buena serrana vergonzosa no he podido preguntar.
El punto es que voy a entregar tarde todas mis tareas. Con un poco de suerte, me revisarán sobre menor nota. Ojalá que sí, porque yo ya no puedo con mi vida y francamente estoy dando todo de mí en los intervalos que puedo permanecer despierta y relativamente concentrada.
Espero vernos pronto, ojalá antes de que un nuevo mes pase.
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